sábado, 14 de julio de 2012

Un resbalón y después nada

   Un resbalón. Uno de esos en que siempre sabes que en el último momento podrás aferrarte a algo para evitar la catástrofe, la vergüenza; de esos que estás cayendo y te dices con media sonrisa en la cara: hay que ver que torpe. Que nadie me haya visto.
   Un resbalón y después nada. Silencio. La vida es puro ruido entre dos insondables silencios, dice Isabel Allende en Paula.
   No hay lugar al que aferrarse entre la mampara de la ducha y los húmedos azulejos del baño. Y así te quedas para la eternidad, con esa sonrisa estúpida en los labios que dice, que torpe soy, que vergüenza, y que más tarde alguien, alguien que sin duda te quiso demasiado, evocará para decir que te fuiste de este ingrato mundo siendo feliz. Adornos, mentiras. El cuerpo aún caliente grotescamente contorsionado, la cabeza inerte ladeada hacia la derecha, los brazos exangües alzados por encima del tronco, apoyados ligeramente en los laterales de la bañera, los dedos encogidos y ya ligeramente arrugados, y las piernas levemente flexionadas al contacto con la pared inferior de la bañera. Esta es la visión que tendrá quien te encuentre, visión que le acompañará el resto de sus días. Recuerdo la primera vez que vi y toqué un muerto, tenía 19 años y para mi sorpresa no me supuso ningún trauma, más bien todo lo contrario, fue una lección magistral, un último regalo de esa persona que como ahora ocurre conmigo estaba pero ya no estaba allí. Pude sentir la piel extrañamente suave y fresca de sus manos, pude ver en su rostro relajado la mirada vacua de quien ve más allá de ti y del tiempo, sentir el peso ingente de su cuerpo... Aprendí que lo que llamamos vivir es sinónimo de estar muriendo.
   Siempre pensé que la muerte era, en el mejor de los casos, un segundo de intensísimo dolor que nuestro sistema al completo es incapaz de soportar. La muerte no es otra cosa que la rendición de nuestro cuerpo frente al dolor. Ahora sé que estaba en lo cierto, y lo sé porque ahora mismo estoy muerto, basta con que tú que ahora lees me creas para que así sea. ¿No es maravillosa la literatura?
   Y mi alma, que no flota, se va por el sumidero entre nubes de espuma y vino rosado, para acabar como todas las almas habidas y por haber navegando las negras aguas del Aqueronte, sin moneda en el bolsillo que ofrecer a Caronte pues ni bolsillos lleva.
   Y el agua que sigue corriendo, mezclándose con la sangre que sale de mi oído; y el gas quemándose en la caldera, pero ya no importa porque ya no hay una factura que pagar,  ni crisis, ni políticos corruptos, ni injusticias sociales, ni un trabajo al que acudir de mala gana. Ya no hay nada. Dicen que somos aquello que hacemos, pero a mi me gusta darle la vuelta a las cosas y pensar que somos aquello que no hemos hecho; somos fruto de ese viaje que no hicimos y en el que perdimos la ocasión de conocer a personas increíblemente diferentes a lo que somos, somos el libro que no leímos así como el que no escribimos y ya nadie podrá leer. Somos, en resumidas cuentas, lo que quedó de todo aquello a lo que un día renunciamos.
   En la cocina suena impaciente el timbre del portero automático, mientras fuera una cartera bajita y alegre espera paquete en mano recibir una firma que ya no existe. Pasado el tiempo de cortesía justo y necesario, ni un segundo más ni uno menos, da media vuelta y tirando de su carrito amarillo se aleja. Se volverá a los pocos pasos para responder al saludo de Ana, la portera, que desde el numero dieciséis la llama por su nombre. Mañana hablamos Ana, que mira como voy todavía, dice señalando el carrito del que sobresalen algunas cartas. Mañana, ahora desde tu bañera ya lo sabes, es como decir nunca pero ellas aún no lo saben. Pocos lo saben. 

 







2 comentarios:

Vitruvia dijo...

He enlazado esto en mi muro de Feis, espero q no te importe, Agux, pero no he podido resistirme.
Voy a zambullirme toda la tarde en el resto del blog. Y no seas bobo, que te conozco, no te sientas obligado a devolver la visita. A mi me gusta esta nuestra relación, sin obligaciones, pero sabiendo que el otro anda escribiendo porque así entendemos la vida. Un abrazo.

Agustín García Quiroga dijo...

Hello vitruvia!! cuánto tiempo!! ¿Cómo me va a importar que enlaces algo escrito por mi en tu muro de facebook?¡Todo un honor!
El blog lo tengo algo abandonado (¿A quién me pareceré? XD), casi igual que lo de escribir. Venga vale, no voy a pasar a devolverte la visita ahora porque me da vergüenza, pero que conste que de vez en cuando me paso, pero ya he visto que últimamente no le das mucho a la tecla. Aunque no lo creas te leo, no soy dado a dejar comentarios pero te leo. besos.