viernes, 10 de julio de 2009

Toda la vida es ahora.

Hay días en los que uno no está para nada ni para nadie. Va a ser que este es uno de ellos. No me apetece ni tan siquiera pensar; tan sólo dejar pasar el tiempo, y que este nos otorgue cierta perspectiva, ver el conjunto, ignorar el árbol para apreciar el bosque, que diría el místico. Sí, puede que hablando fino, tenga el día místico, pero hablando grueso y de manera inteligible puedo escribir sin confundirme que tengo el día tonto, como el tiempo, de tormenta, por eso supongo que es mejor esperar a que escampe para comenzar a pensar, quien sabe, igual un relámpago acaba por estimular la actividad de mi cerebro.
Hay que tomar una decisión que hoy es importante, pero lo más probable es que mañana esta importancia sea relativa, y yendo aun más allá, después de muchos mañanas, reiremos al recordar la angustia que hoy no nos deja pensar.
Esto es la vida y en esto consiste vivir, en tomar decisiones, unas importantes y otras insignificantes, unas acertadas y otras erróneas, pero lo trascendental es saber aceptar las consecuencias que dicha decisión acarree. Eso es lo difícil. No culpar al mundo de nuestras desgracias, ser consecuentes y admitir que somos al mismo tiempo jueces y parte de todo aquello que ocurre en nuestra vida y alrededores, que un gran porcentaje de nuestros aciertos y errores nos pertenece en exclusiva, de ahí que los logros alcanzados nos sean tan gratificantes y los fracasos nos arañen el alma. Podría decir que los logros son los remiendos con los que vamos cubriendo nuestros fracasos, y a pesar de releerlo y parecerme cursi, no por ello me parece menos cierto.
Mañana será otro día, igual mañana es hoy, porque todo hoy en algun momento fue mañana, o como dijo Machado, toda la vida es ahora, así es que ahora que me iluminó la azulada luz de un rayo, que algo hizo clic en mi cabeza, ahora, os dejo, tengo una llamada que hacer y unas consecuencias a las que hacer frente.

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